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 Tímidas reflexiones sobre lo fantástico en la literatura contemporánea

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Savoia Liliana
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MensajeTema: Tímidas reflexiones sobre lo fantástico en la literatura contemporánea   Dom Ago 02, 2015 1:40 pm

Tímidas reflexiones sobre lo fantástico en la literatura contemporánea, desde la visión de dos autores apasionantes, que se basan en la connotación de lo inconsciente que subyace en el cuento de hadas.


Considero importante comenzar éste humilde ensayo con un fragmento del Señor de Los Anillos, siento, que de alguna manera traduce la idea de lo fantástico que lo relaciona íntimamente con H. P. Lovecraft y subyacentemente con los cuentos de hadas




LA CABALGATA DE LOS ROHIRRIM

Fragmento Del Señor de los Anillos

“Pero el rey, inmóvil, montado en Crinblanca, contemplaba la agonía de Minas Tirith, como si la angustia o el terror lo hubieran paralizado. Parecía encogido, acobardado de pronto por la edad. Hasta Merry se sentía abrumado por el peso insoportable del horror y la duda. El corazón le latía lentamente. El tiempo parecía haberse detenido en la incertidumbre. ¡Habían llegado demasiado tarde! ¡Demasiado tarde era peor que nunca! Acaso Théoden estuviera apunto de ceder, de dejar caer la vieja cabeza, dar media vuelta, y huir furtivamente a esconderse en las colinas.
Pero en ese mismo instante hubo un resplandor, como si un rayo hubiese salido de las entrañas mismas de la tierra, bajo la ciudad. Durante un segundo vieron la forma incandescente, enceguecedora y lejana en blanco y negro, y la torre mas alta resplandeció como una aguja rutilante; y un momento después, cuando volvió a cerrarse la oscuridad, un trueno ensordecedor y prolongado llegó desde los campos.
Como al conjuro de aquel ruido atronador, la figura encorvada del rey se enderezó súbitamente. Y otra vez se le vio en la montura alto y orgulloso; e irguiéndose sobre los estribos gritó, con una voz mas fuerte y clara que la que oyera jamás ningún mortal:
¡De pie, de pie, Jinetes de Théoden!
Un momento cruel se avecina: ¡fuego y matanza!
Trepidarán las lanzas, volarán en añicos los escudos,
¡un día de la espada, un día rojo, antes de que llegue el alba!
¡Galopad ahora, galopad! ¡A Gondor!”

John Ronald Reuel Tolkien


Es éste uno de los escritores más famosos del siglo XX. Sus obras son ampliamente conocidas, estudiadas y dedicadas a la filmografía
. Es indudablemente uno de los grandes representantes de la literatura fantástica de todos los tiempos. Ha dado grandes argumentos a los lectores que se acercan a sus obras. El escritor, sudafricano, de origen inglés, revive las antiguas leyendas, mitos y cuentos nórdicos, así como anglosajones y europeos en general.
En la obra El señor de los anillos, llevada al cine con éxito de taquilla, las espadas tienen nombre; los personajes llegan a adquirir gran cantidad de sinónimos; sus creaciones tienen conocimiento de su genealogía, y así sucesivamente. Dichos elementos son considerados propios de la literatura antigua y medieval, como son en la antigüedad la Ilíada y la Odisea de Homero; así como en el medievo el Amadís de Rodríguez de Montalvo, que fue toda una saga, muchos escritores continuaron las historias de sus descendientes
Ahora bien, tomando la argumentación de este escrito, la cual es qué cosa sea la literatura fantástica, se puede decir que Tolkien confiere a una peculiar facultad del hombre el hecho de la creación fantástica. Dicha facultad es la imaginación. ¿Qué es la imaginación? Es, en efecto, una facultad humana en la cual, además de ser la antesala para la abstracción, combina los elementos concretos con los que se ha tenido experiencia. Por ejemplo, se puede tener experiencia de un caballo, es decir, haber tenido contacto con él; además se puede tener contacto con un cuerno; si se combinan las dos experiencias puede dar como resultado un unicornio, uno de los seres favoritos de la literatura fantástica. A esta facultad, en este contexto, se le puede bautizar con el nombre de fantasía. Se pueden tomar como sinónimos.
A la creación que se realiza por medio de la imaginación Tolkien la llama subcreación. Todo esto lo desarrolla el sudafricano en su ensayo Sobre los cuentos de hadas No es algo exclusivo de la literatura, sino que compete a todas las artes. Se debe entender artes en su sentido más amplio, que es precisamente el que utilizaron los griegos y latinos.
Lo que sigue pareciera tener un denso olor filosófico, pero es necesario para la clara captación de los conceptos. Las cosas que existen sin la intervención humana son naturales, entre ellas el hombre; en cambio, las cosas que crea el hombre, son artificiales, artefactos y ahí entra la imaginación o fantasía.
Como es patente, el hombre tiene capacidad creadora. En efecto, el verbo “crear” en sentido estricto quiere decir el paso del no-ser al ser, cosa que es propio de Dios, en el amplio concepto de su concepción
Debe ser entendida más bien como diría san Agustín: el hombre tiene capacidad de fabricación, que sería el significado del verbo “crear” en sentido amplio, es decir, como analogía con Dios.
Los maquinarias humanas se pueden dividir en dos grandes grupos: las técnicas y los Artefactos que parece un término que encaja perfectamente por su etimología latina: ars, artis (arte) y del verbo facere, hacer. Se puede decir que es lo que “ha sido hecho con arte” o “por mano humana”.
La técnica tiene el sentido griego de producir algo. Así se dice que la técnica es la producción o fabricación de artefactos que sirven para algo. “la técnica es la actividad humana que fabrica utensilios o artefactos que implican valor útil. Es producto de la técnica humana tanto una computadora que archive información como lo es también un arma nuclear. La primera tiene como fin almacenar mientras que lo segundo tiene como fin acabar con los vivientes.
La cultura es también un artefacto, una maquinaria, pero no tiene un fin útil estrictamente, es como dice Babolin: la cultura es tan sólo expresión. Una obra de arte es producida por el hombre pero, no le sirve para otra cosa que como deleite y, en el caso del pintor, como expresión. La cultura es lo que ha creado el hombre para deleitarse. La cultura puede ser entendida también como lo que fabrica el hombre para la transmisión de una idea o de un significado. Es así que una novela es producto del hombre en primera instancia y es también lo que llamamos cultura porque transmite algo y da gozo. Aquí puede entrar la hermenéutica, no como teoría del conocimiento estrictamente hablando, sino como teoría de la interpretación. La hermenéutica es un método de comprensión e interpretación de culturas.
Tanto los artefactos técnicos como los culturales son vestigios que ha ido dejando el hombre a través de los milenios. Un vestigio puede ser una pirámide azteca o los simples niveles de una construcción mesopotámica. Tanto la pirámide azteca como la construcción mesopotámica tenían como fin primario, resguardar de las inclemencias del clima y, por tanto, no son testimonios sino vestigios. Se explica dónde radica la diferencia. Los vestigios son los artefactos que nos transmiten algo pero no era su primera intención hacerlo, en cambio los testimonios si tienen como primera intención transmitir algo. Así, los textos bíblicos como las casas mesopotámicas han sido artefactos producidos por el hombre, los primeros con el afán de transmitir un pensamiento o una experiencia y los segundos como refugio Los textos bíblicos son testimonio y las casas mesopotámicas son vestigios, nos comunican algo del pasado, pero no era su fin principal.
Tanto la cultura como la técnica no tienen su principio en sí mismas sino en el hombre que las ha fabricado. He aquí la gran diferencia que tienen con la naturaleza. “Los productos culturales del hombre tienen existencia propia pero sólo tienen valor en la medida en que son comprendidos y disfrutados por el hombre.”
Habiendo pasado el trago amargo que implica una distinción filosófica, seguiremos tratando acerca de la creación fantástica según Tolkien. Así, para este autor, la creación debe ser coherente consigo misma, es decir, debe tener verdad sintáctica (aunque no son los términos que él utiliza), porque si no fuera así, no tendría sentido el relato y dejaría de ser verosímil para el lector. No importa si el relato tiene verdad semántica, simplemente que, al puro estilo de Immanuel Kant, no se contradiga a sí mismo. La fantasía debe obedecer a sus propias leyes, siempre de la misma manera.
Según Tolkien, si el relato tiene dicha verdad sintáctica, produce “placer” tanto al escritor como al lector que se ha dejado envolver por el submundo del creador. La marca de la verdadera fantasía es el sello de autenticidad, que permite diferenciarlo de lo que es falso y de las imitaciones, reside en la cualidad del “placer”: el placer del creador ante el objeto que ha creado, cuando está bien hecho, el placer del lector que ha caído bajo el hechizo del subcreador y permanece durante un breve tiempo en este mundo secundario tan amorosa y cuidadosamente elaborado
Esto nos une con otro gran escritor (a juicio mío, el mejor literato de cuentos cortos de fantasía y terror cósmico del siglo XX) parcialmente influenciado en sus orígenes por Lord Dunsany Nos referimos al norteamericano Howard Phillips Lovecraft.
Para él, los cuentos sobre hechos extraordinarios tienen una problemática que debe ser superada para lograr su credibilidad y esto sólo se puede conseguir tratando el tema con cuidado realismo. En efecto, Lovecraft está tratando la misma categoría que Tolkien cuando dice que debe ser lo más verosímil posible, buscando no violar las reglas del mundo imaginado.Desde el punto de vista simbólico todo es rigurosamente cierto. A ese mundo imaginario creado por el escritor Lovecraft también lo llama creación en el sentido tolkieniano, si vale el vocablo.
Otra cosa que aporta Lovecraft a la comprensión de la literatura fantástica es que aquello que se salga de lo cotidiano debe ser realmente fuera de lo normal, tratando de que las causas sean lógicas, buscando siempre la verdad sintáctica , dado que si no se cumplen las reglas del cuento pierde todo el sabor que pueda brindarle al lector.
Para muestra basta el leve pétalo de una flor en la cautivante forma de narrar de Lovecraft, la cual, al igual que Tolkien, hacen lo más verosímil que se pueda la historia, logrado el impacto de la verosimilitud.
El estilo de ambos autores es muy diverso. Mientras Tolkien tiende más a escribir poéticamente, con versos medidos y utilizando elementos de la literatura europea antigua y medieval, converge plenamente con Lovecraft en los puntos esenciales que se deben tener para realizar un escrito de dicha naturaleza, en especial el realismo que ambos exigen para los escritos fantásticos. Lovecraft es más oscuro, más terrorífico, más cautivante que Tolkien; pero los dos tienen lo suyo, son grandes escritores del siglo XX, que cautivan a adultos, adolescentes y niños.
“Nunca olvidaré la noche de la gran aurora, cuando jugaban sobre el pantano los horribles centelleos de la luz demoníaca. Después de los destellos llegaron las nubes, y luego el sueño. Y bajo una luna menguante y cornuda, ví la ciudad por primera vez. Se asentaba, callada y soñolienta, sobre una meseta que se alzaba en una depresión entre extraños picos.
H. P. Lovecraft –“Polaris”, fragment

Confesiones de H. P. Lovecraft


La razón por la cual escribo cuentos fantásticos es porque me producen una satisfacción personal y me acercan a la vaga, escurridiza, fragmentaria sensación de lo maravilloso, de lo bello y de las visiones que me llenan con ciertas perspectivas (escenas, arquitecturas, paisajes, atmósfera, etc.), ideas, ocurrencias e imágenes. Mi predilección por los relatos sobrenaturales se debe a que encajan perfectamente con mis inclinaciones personales; uno de mis anhelos más fuertes es el de lograr la suspensión o violación momentánea de las irritantes limitaciones del tiempo, del espacio y de las leyes naturales que nos rigen y frustran nuestros deseos de indagar en las infinitas regiones del cosmos, que por ahora se hallan más allá de nuestro alcance, más allá de nuestro punto de vista. Estos cuentos tratan de incrementar la sensación de miedo, ya que el miedo es nuestra más fuerte y profunda emoción y una de las que mejor se presta a desafiar los cánones de las leyes naturales. El terror y lo desconocido están siempre relacionados, tan íntimamente unidos que es difícil crear una imagen convincente de la destrucción de las leyes naturales, de la alienación cósmica y de las presencias exteriores sin hacer énfasis en el sentimiento de miedo y horror. La razón por la cual el factor tiempo juega un papel tan importante en muchos de mis cuentos es debida a que es un elemento que vive en mi cerebro y al que considero como la cosa más profunda, dramática y terrible del universo. El conflicto con el tiempo es el tema más poderoso y prolífico de toda expresión humana.
Mi forma personal de escribir un cuento es evidentemente una manera particular de expresarme; quizá un poco limitada, pero tan antigua y permanente como la literatura en sí misma. Siempre existirá un número determinado de personas que tenga gran curiosidad por el desconocido espacio exterior, y un deseo ardiente por escapar de la morada-prisión de lo conocido y lo real, para deambular por las regiones encantadas llenas de aventuras y posibilidades infinitas a las que sólo los sueños pueden acercarse: las profundidades de los bosques añosos, la maravilla de fantásticas torres y las llameantes y asombrosas puestas de sol. Entre esta clase de personas apasionadas por los cuentos fantásticos se encuentran los grandes maestros -Poe, Dunsany, Arthur Machen, M. R. James, Algernon Blackwood, Walter de la Mare; verdaderos clásicos- e insignificantes aficionados, como yo mismo.

Sólo hay una forma de escribir un relato tal y como yo lo hago. Cada uno de mis cuentos tiene una trama diferente. Una o dos veces he escrito un sueño literalmente, pero por lo general me inspiro en un paisaje, idea o imagen que deseo expresar, y busco en mi cerebro una vía adecuada de crear una cadena de acontecimientos dramáticos capaces de ser expresados en términos concretos. Intento crear una lista mental de las situaciones mejor adaptadas al paisaje, idea, o imagen, y luego comienzo a conjeturar con las situaciones lógicas que pueden ser motivadas por la forma, imagen o idea elegida.

Mi actual proceso de composición es tan variable como la elección del tema o el desarrollo de la historia; pero si la estructura de mis cuentos fuese analizada, es posible que pudiesen descubrirse ciertas reglas que a continuación enumero:

1) Preparar una sinopsis o escenario de acontecimientos en orden de su aparición; no en el de la narración. Describir con vigor los hechos como para hacer creíbles los incidentes que van a tener lugar. Los detalles, comentarios y descripciones son de gran importancia en este boceto inicial.

2) Preparar una segunda sinopsis o escenario de acontecimientos; esta vez en el orden de su narración, con descripciones detalladas y amplias, y con anotaciones a un posible cambio de perspectiva, o a un incremento del clímax. Cambiar la sinopsis inicial si fuera necesario, siempre y cuando se logre un mayor interés dramático. Interpolar o suprimir incidentes donde se requiera, sin ceñirse a la idea original aunque el resultado sea una historia completamente diferente a la que se pensó en un principio. Permitir adiciones y alteraciones siempre y cuando estén lo suficientemente relacionadas con la formulación de los acontecimientos.

3) Escribir la historia rápidamente y con fluidez, sin ser demasiado crítico, siguiendo el punto (2), es decir, de acuerdo al orden narrativo en la sinopsis. Cambiar los incidentes o el argumento siempre que el desarrollo del proceso tienda a tal cambio, sin dejarse influir por el boceto previo. Si el desarrollo de la historia revela nuevos efectos dramáticos, añadir todo lo que pueda ser positivo, repasando y reconciliando todas y cada una de las adiciones del nuevo plan. Insertar o suprimir todo aquello que sea necesario o aconsejable; probar con diferentes comienzos y diferentes finales, hasta encontrar el que más se adapte al argumento. Asegurarse de que ensamblan todas las partes de la historia desde el comienzo hasta el final del relato. Corregir toda posible superficialidad -palabras, párrafos, incluso episodios completos-, conservando el orden preestablecido.

4) Revisar por completo el texto, poniendo especial atención en el vocabulario, sintaxis, ritmo de la prosa, proporción de las partes, sutilezas del tono, gracia e interés de las composiciones (de escena a escena de una acción lenta a otra rápida, de un acontecimiento que tenga que ver con el tiempo, etc.), la efectividad del comienzo, del final, del clímax, el suspenso y el interés dramático, la captación de la atmósfera y otros elementos diversos.

5) Preparar una copia esmerada a máquina; sin vacilar por ello en acometer una revisión final allí donde sea necesario.

El primero de estos puntos es por lo general una mera idea mental, una puesta en escena de condiciones y acontecimientos que rondan en nuestra cabeza, jamás puestas sobre papel hasta que preparo una detallada sinopsis de estos acontecimientos en orden a su narración. De forma que a veces comienzo el bosquejo antes de saber cómo voy más tarde a desarrollarlo.

Considero cuatro tipos diferentes de cuentos sobrenaturales: uno expresa una aptitud o sentimiento, otro un concepto plástico, un tercer tipo comunica una situación general, condición, leyenda o concepto intelectual, y un cuarto muestra una imagen definitiva, o una situación específica de índole dramática. Por otra parte, las historias fantásticas pueden estar clasificadas en dos amplias categorías: aquellas en las que lo maravilloso o terrible está relacionado con algún tipo de condición o fenómeno, y aquéllas en las que esto concierne a la acción del personaje con un suceso o fenómeno grotesco.

Cada relato fantástico -hablando en particular de los cuentos de miedo- puede desarrollar cinco elementos críticos: a) lo que sirve de núcleo a un horror o anormalidad (condición, entidad, etc,); b) efectos o desarrollos típicos del horror, c) el modo de la manifestación de ese horror; d) la forma de reaccionar ante ese horror; e) los efectos específicos del horror en relación a lo condiciones dadas.

Al escribir un cuento sobrenatural, siempre pongo especial atención en la forma de crear una atmósfera idónea, aplicando el énfasis necesario en el momento adecuado. Nadie puede, excepto en las revistas populares, presentar un fenómeno imposible, improbable o inconcebible, como si fuera una narración de actos objetivos. Los cuentos sobre eventos extraordinarios tienen ciertas complejidades que deben ser superadas para lograr su credibilidad, y esto sólo puede conseguirse tratando el tema con cuidadoso realismo, excepto a la hora de abordar el hecho sobrenatural.
Este elemento fantástico debe causar impresión y hay que poner gran cuidado en la construcción emocional; su aparición apenas debe sentirse, pero tiene que notarse. Si fuese la esencia primordial del cuento, eclipsaría todos los demás caracteres y acontecimientos, los cuales deben ser consistentes y naturales, excepto cuando se refieren al hecho extraordinario.
Los acontecimientos espectrales deben ser narrados con la misma emoción con la que se narraría un suceso extraño en la vida real. Nunca debe darse por supuesto este suceso sobrenatural. Incluso cuando los personajes están acostumbrados a ello, hay que crear un ambiente de terror y angustia que se corresponda con el estado de ánimo del lector. Un descuidado estilo arruinaría cualquier intento de escribir fantasía seria.

La atmósfera y no la acción, es el gran desiderátum de la literatura fantástica. En realidad, todo relato fantástico debe ser una nítida pincelada de un cierto tipo de comportamiento humano. Si le damos cualquier otro tipo de prioridad, podría llegar a convertirse en una obra mediocre, pueril y poco convincente. El énfasis debe comunicarse con sutileza; indicaciones, sugerencias vagas que se asocien entre sí, creando una ilusión brumosa de la extraña realidad de lo irreal. Hay que evitar descripciones inútiles de sucesos increíbles que no sean significativos.

Éstas han sido las reglas o moldes que he seguido -consciente o inconscientemente- ya que siempre he considerado con bastante seriedad la creación fantástica. Que mis resultados puedan llegar a tener éxito es algo bastante discutible; pero de lo que sí estoy seguro es que, si hubiese ignorado las normas aquí arriba mencionadas, mis relatos habrían sido mucho peores de lo que son ahora.

Cierro esta aproximación a un ensayo con estas palabras del padre del género, considero que aclaran y mantienen en vigencia la concepción del mismo

Liliana Savoia


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ROSEMARIE PARRA
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MensajeTema: Re: Tímidas reflexiones sobre lo fantástico en la literatura contemporánea   Dom Ago 02, 2015 5:18 pm

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Liliana Savoia
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MensajeTema: Re: Tímidas reflexiones sobre lo fantástico en la literatura contemporánea   Dom Ago 02, 2015 7:59 pm

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Pez Serpiente
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MensajeTema: Re: Tímidas reflexiones sobre lo fantástico en la literatura contemporánea   Miér Ago 05, 2015 4:57 pm

INTERESANTE LECTURA.
GRACIAS POR PARTICIPAR
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MensajeTema: Re: Tímidas reflexiones sobre lo fantástico en la literatura contemporánea   

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