LETRAS SIN FRONTERAS

POESÍA, NARRATIVA, PROSA.
 
ÍndicePORTALCalendarioGaleríaFAQMiembrosGrupos de UsuariosRegistrarseConectarse
PRÓXIMAMENTE SE HARÁN DESAFÍOS LITERARIOS PARA LOS MIEMBROS DE ESTA COMUNIDAD, EN DIVERSOS RENGLONES DE LOS FOROS.
QUIEN SE SIENTA CAPACITADO PARA DESEMPAÑARSE COMO MODERADOR EN LA ESPECIALIDAD DE ALGÚN FORO, COMUNÍQUESE CON EL GERENTE PEDRO LEÓN

Comparte | 
 

 EL GENIO DEL IDIOMA. Una mirada profunda al libro de Álex Grijelmo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
SorGalim
INGENIERA DE SUEÑOS
INGENIERA DE SUEÑOS
avatar

Pez Serpiente
Mensajes : 186
Fecha de inscripción : 31/07/2015
Edad : 52
Localización : Altagracia de Orituco, Estado Guárico, Venezuela

MensajeTema: EL GENIO DEL IDIOMA. Una mirada profunda al libro de Álex Grijelmo   Miér Ago 05, 2015 4:09 pm


EL GENIO DEL IDIOMA
Una mirada profunda al libro de Álex Grijelmo



Todos los idiomas atesoran un genio interno que guarda las esencias de los pueblos que los hablan y los han hablado, de acuerdo con ese precepto jamás una lengua debe usarse contra otra. Con cada palabra que desaparece, se pierde una idea creada por el ser humano. El idioma español se cree amenazado por la educación escolar, la fuerza colonial del inglés y la desidia de una gran parte de quienes tienen el poder político, informativo y económico. Álex Grijelmo, busca las claves para superar esta situación a través del progreso y la convivencia entre las culturas que conforman el mundo hispano. En su libro existe una defensa, nunca un ataque.


Cada lengua esconde un genio interno invisible, inaudible, antiguo, que se puede reconstruir si se siguen las pistas que dejan sus hilos. Hilos son, y con ellos el genio del idioma maneja al ser humano. La acción hablar, constituye únicamente el resultado de su lámpara maravillosa: la sociedad se expresa conforme a sus decisiones, hereda frases enteras, recursos estilísticos completos  y continua las estructuras sintácticas que él ha diseñado.


Este genio constituye un poder de competencia lingüística, una especie de divinidad que va construyendo un sistema, paulatina y simultáneamente. Crea las palabras, establece la gramática y dicta las normas de la herramienta de comunicación por excelencia: el idioma. En esta obra, se aprende a conocer y reconocer al genio del Castellano. Álex Grijelmo va enseñando de una manera muy sencilla y amena cómo es, por qué escoge unos extranjerismos y desecha otros, como ha ido creando el idioma actual a partir de las lenguas prerromanas, el latín, el árabe y otras influencias.


El libro mezcla un poco de etimología con mucho de historia de la lengua. No es uno de esos volúmenes sesudos plagados de vocabulario y referencias. Es un libro que  habla al lector de tú a tú, presentando al genio y demostrando que es él y no los académicos o las modas los que deciden la formación del lenguaje.


Es fácil demostrar que el genio existe, por ejemplo, trata de crear un verbo nuevo a partir de una palabra: siempre lo harás con la terminación -ar. Desde los comunes chatear, hasta los fugaces “pokear”. Todos los verbos de nueva creación terminan en -ar, y es desde hace siglos. No hay ninguna regla escrita, es, simplemente, el genio. El libro explica por qué el castellano acepta fútbol, pero no football. Y por qué desaparecen corner, linier, y aparecen «fuera de juego», «saque de esquina» y «juez de línea». Por qué especulum derivó en espejo, pero seculum derivó en siglo y no en “sejo”.


Los científicos, quizás, hallarán algún día en las vibraciones imperceptibles del aire aquellas palabras de Atapuerca o de Altamira, o las de Ojo Guareña… tal vez viajando incluso en el túnel del tiempo. Pero entre los restos de esas cuevas no darán nunca con el genio de la lengua. Él no puede reposar ahí porque todavía no ha muerto.


Existe hace tantos cientos de años, que bien puede considerarse inmortal; como duraderos son sus gustos, sus manías y su carácter. Si se conociera a la perfección,  el ser humano sabría sin duda cómo sería su idioma dentro de tres siglos. Y también se conocería mejor a sí mismo.


Han cambiado en este tiempo las palabras, desde luego; y las construcciones, la ortografía, la literatura… Pero en todos esos aspectos se encuentran rasgos comunes de un ser originario que los alumbró; y que forma parte, a su vez, de una estirpe de genios que se relacionan entre sí, a veces como hermanos y a menudo en la línea directa de sucesión. Comparten, por ello, algunos rasgos de su personalidad.


Al decir “el genio del idioma” , esa frase vale como metáfora porque, se ha ido formando durante siglos y siglos. Y las decisiones de ese genio han resultado tan coherentes, tan acertadas para enriquecer la capacidad de expresarse, que sólo se puede teorizar sobre ellas imaginando a un ser sensacional que lo ha organizado todo con pulcritud. Al describir a ese genio, se comprende la historia del idioma y, como consecuencia, la propia historia, incluso para predecir su futuro.


El idioma español es, pues, la obra de un genio misterioso. Lo que se alcanza a descubrir ahora, al sumergirse en la historia de la lengua, responde a unas leyes que vienen de antiguo y que regulan la pronunciación, las combinaciones de sílabas, los significados, la sintaxis… y, sobre todo, la evolución de las palabras a través de los siglos y de los idiomas por los que han pasado (superpuestos unos sobre otros como algunas iglesias católicas se construyeron sobre las visigóticas; pero siempre con el mismo arquitecto).


Con las palabras del idioma español se pueden construir los textos más enrevesados pero también los más sencillos. La diferencia estriba en que el público suele apreciar mejor estos últimos. El genio de la lengua prefiere también la sencillez, y sobre ella ha construido su poder. Busca las fórmulas más simples: ya se ha visto con su espíritu analógico y su capacidad para dejarse enseñar. Los vientos que en algunos sectores tienden a contradecir esta tendencia están llamados al descrédito y luego al olvido. El idioma resulta mucho más fácil de lo que pretenden quienes hacen negocio de oscurecerlo.


La tendencia universal del Idioma Castellano es la palabra llana, que no en vano se llama así. De las 92.000 entradas del diccionario, son palabras llanas o graves (acento tónico en la penúltima sílaba) 72.500 (el 71 por ciento). “Casa”, “mesa”, “silla”, “circo”, “campo”, “bosque”, “árbol”… El léxico del español está inundado de palabras sencillas y llanas. Las palabras agudas son sólo el 19 por ciento (“avión”, “color”, “querer”, “motor”…).


El sonido del Español invita a hablar con llaneza. Las esdrújulas son muy escasas (“último”, “índice”, “pérgola”, “águila”), y no digamos las sobresdrújulas “rápidamente”, “acapáraselo”, “déjanoslos”…). No se puede defender que esdrújulas y sobresdrújulas desagraden al genio, pero puede deducirse que no las tiene como preferidas, porque hay menos esdrújulas entre las palabras patrimoniales que entre los compuestos griegos y los cultismos latinos. Y a su vez el grupo de palabras patrimoniales (las que han experimentado toda la evolución del castellano) contiene muy pocas esdrújulas con más de tres sílabas. 


Números estos que también aumentaron gracias a los cultismos latinos y griegos (“antropólogo”, “filósofo”, “homínido”, “entomólogo”, “pirómano”…). De hecho, en el habla común las palabras esdrújulas apenas aparecen. Y si éstas se identifican generalmente con el lenguaje culto, tal vez podamos establecer un baremo que relacione la formación de una persona y el uso que hace de las esdrújulas (número de ellas en relación con la media habitual en español, cantidad de sílabas en esas palabras, procedencia latina o griega…).


Por lo general, las palabras largas son cultas; y se han formado con adición de afijos y partículas que denotan un cierto conocimiento superior de la lengua. He aquí el escaso uso de las esdrújulas y sobreesdrújulas. Aunque no racionalmente, muchos políticos han debido de hacerse, de forma intuitiva, este planteamiento, va claramente contra el gusto del genio, y aleja el lenguaje político del que utiliza el pueblo con naturalidad, el lenguaje llano. Porque estadísticamente la esdrujulización constante, no se corresponde con la presencia habitual de tales palabras en el idioma. Y por tanto varía el sonido global del discurso, lo que puede producir el efecto contrario al buscado: que el pueblo desconfíe de quien no habla como él.


De hecho, el pueblo tiende a lo contrario: a acortar muchos términos que le parecen excesivamente largos (palabras compuestas, por lo general), como bici-cleta, foto-grafía, cine-matógrafo, porno-gráfico, zoo-lógico, auto-móvil, tele-visión, narco-traficante, peli-cula (“me voy a ver una peli”), micro-fono, híper-mercado, ultra-derechista… que en ámbitos familiares suman muchos más: “el presi”, “la seño”, “la Ascen”…


En efecto, al genio no le gustan las palabras largas. Es normal que la gente se trabe al pronunciarlas, incluso los locutores profesionales las ensayan con cuidado para cuando se les presenten inexorables. El genio del español no propone palabras tan cortas como las del inglés, donde abundan los monosílabos, pero digiere mal “antiestadounidense”, “baloncestístico” o “anticonstitucionalmente”.


Ese carácter llano del español le viene, como es lógico, del latín. El genio de la lengua de Roma no creó nunca palabras agudas ni sobresdrújulas. Se dice “amor”, pero los romanos pronunciaban ámor. Se escribe “libélula”, pero en latín se dice libelúla (diminutivo a su vez de libella, que procede de libra, “balanza”: por el equilibrio que mantiene ese insecto en el aire, con las alas desplegadas y horizontales).


El genio del español (que como buen hijo del latín rompió con algunas reglas del padre, pero heredó mucho más) ha mantenido ese gusto. El latín, de hecho, adaptó palabras del griego haciéndolas pasar por el aro de sus propias reglas fonéticas: a causa de eso apenas nos han llegado al español voces griegas agudas (excepto los nombres propios, que no sufrieron adaptación). Por todo ello, la mayoría de los vocablos agudos del español son tardíos (además de relativamente escasos).


La primera persona. ¿Es descabellado relacionar la sencillez del genio del español con su desapego de la primera persona? Tal vez, pero eso es lo que ocurre. “Dejamos a los psicólogos e historiadores de la cultura la tarea de aclarar por qué el español, entre otras lenguas románicas y germánicas culturalmente colindantes, hace al sujeto hablante menos protagonista que aquéllas” (Emilio Lorenzo, 1980). Ciñéndose al retrato meramente lingüístico, es cierto que en inglés o francés se pierden las desinencias verbales y eso obliga a introducir el sujeto. En español, en cambio, la desinencia verbal garantiza casi siempre la identificación de la persona-sujeto (“¿vienes?” frente a “¿tú vienes?”). Y eso oculta al agente y favorece la sencillez, hasta el punto de que salta al oído la inmodestia de quienes utilizan continuamente el “yo” cuando hablan. En español, el sujeto queda como recurso para el énfasis o para resolver una ambigüedad. Pero más para el énfasis. Ese recurso no lo tiene el inglés. El francés sí: moi, toi, lui…, en formaciones como moi, je vais…


El genio del idioma, para más abundancia en las posibilidades de sencillez, puso también al servicio del hablante la opción del sujeto “uno” y “una”, que logran subsumir el protagonismo de la primera persona en una tercera: “uno piensa que eso es lo adecuado”, “una creería que eso era verdad”. La ocultación del “yo” se extiende en español a la resistencia frente al uso del posesivo: “se le cayeron las gafas”, en vez de “se le cayeron sus gafas”. Por eso podría pensarse que van contra el genio de la lengua las frases tan habituales de los periodistas deportivos: “Zidane se lesionó en su tobillo”, “Beckham dispara con su pierna derecha”, “Ronaldinho se lleva su mano a su cabeza”, puesto que en todas ellas los pronombres son superfluos (y no hay que olvidar que el genio tiende a la economía). No es difícil imaginar la influencia de una lengua distinta cuando se oyen frases así (generalmente el inglés).


El gusto por la sencillez lleva al genio del idioma español a proponer frases sencillas, directas, sin muchas subordinadas. Las frases largas y llenas de subordinaciones enredan su ritmo y lo amaneran. Hace falta mucha maestría literaria para manejarse en esos terrenos inhóspitos, porque ni el ánimo ni la estructura de nuestra lengua ayudan en el intento. Y ni siquiera cuando esas frases se construyen con corrección y resultan inteligibles se puede garantizar que sean también literarias.


Da la impresión de que los vocablos del idioma se han movido y han cambiado al través del tiempo como si fueran un ejército, progresando desde el indoeuropeo hasta aquí de una forma disciplinada, sin apenas excepciones en su evolución fonológica y como si estuvieran bajo el mando de un general; miles de palabras que el pueblo fue haciendo suyas y sobre las que decidió soberanamente. Repasar algunas de esas decisiones colectivas que han adoptado las palabras como si estuvieran uniformadas nos da una idea de la disciplina que impuso el genio del idioma.


El genio del idioma ha ordenado las oraciones, ha creado las normas para la evolución de las palabras, ha dictado las leyes de los acentos, organizó las analogías, preparó los sufijos y los prefijos, adoptó y adaptó los vocablos ajenos… Estamos ante un ser inexistente, cuyos actos, paradójicamente, se podrían reconstruir sin dificultad.


¿Quién es ese personaje extrahumano que programó todo para que las consonantes dobles latinas se transformaran inexorables en fonemas palatales en castellano, que distribuyó los sonidos de modo que nunca coincidieran una s y una r juntas y por ese orden en la misma palabra, que dio sentido a todo un monumento de la inteligencia como es el idioma?


Es un genio interno, invisible, inaudible, antiguo, pero puede reconstruirse si se siguen las pistas que  ha dejado. Los filólogos acuden a menudo a la expresión “el genio de la lengua”, pero su perfil o sus reacciones no se han llegado a definir con detenimiento. “El genio del idioma” es, pues, un lugar común que sirve para explicarnos su ser interno, su personalidad, cuando algo no se aviene a los criterios generales de una lengua, y por tanto lo hemos visto definido más por cuanto no le gusta que por aquello que prefiere; más por todo lo que rechaza que por todo lo que asume. “Esto no va con el genio de la lengua”, pareciera decir.


Acercarse a su figura puede constituir una manera de conocer cómo funciona la lengua y servirá para desentrañarla poco a poco. Y también habrá de permitir prever su evolución  y conocer cómo funciona el ser humano, pues sólo piensa con palabras. Todo lo que ha sucedido en la forma de entender el idioma responde a los designios del genio, y se puede imaginar que así continuará ocurriendo. A veces el humano pareciera depender de sus propias decisiones en tanto que depende de su comunidad de hablantes, incluso teme que esa sociedad de usuarios del idioma sea dominada por los poderosos que dictan sus caprichos desde la cúpula social.


Conozcamos al genio de la lengua para percibir de verdad cómo funciona nuestra mente lectora y habladora.




SorGalim
Milagros Hernández Chiliberti
Ingeniera de Sueños
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://unionhispanomundialdeescritores.ning.com/
PEDRO LEÓN
GERENTE GENERAL
GERENTE GENERAL
avatar

Pez Mono
Mensajes : 87
Fecha de inscripción : 30/07/2015
Edad : 25
Localización : TÁCHIRA Y CARACAS

MensajeTema: Re: EL GENIO DEL IDIOMA. Una mirada profunda al libro de Álex Grijelmo   Sáb Ago 08, 2015 9:05 pm

¡GENIAL!


_________________
PEDRO LEÓN
GERENTE GENERAL
DE LETRAS SIN FRONTERAS
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://letrassinfronteras.el-foro.com
 
EL GENIO DEL IDIOMA. Una mirada profunda al libro de Álex Grijelmo
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
LETRAS SIN FRONTERAS :: ENSAYOS :: ENSAYOS LITERARIOS-
Cambiar a: